miércoles, 3 de mayo de 2017

Stella

El calor  de la mañana va visitando mi ventana,
me calienta, me despierta, dibuja una sonrisa en mi boca.
A mi lado, tu calor me puede, me vibra, me toca.

Pero tu lugar no es tu lugar, es una nevada de rocas.
Yo no sé por qué lo olvido, tu ausencia fustiga y me azota.
De la nada debo recomponerte.
Frente al espejo, el agua y la píldora me explican la nota.

Todo es etéreo, resplandeciente, y tú  vuelves a mí.
De tus labios el carmesí,
sonríes, te agitas, por mí te pones loca.

Visto mi mejor traje, tú  en la cocina me esperas,
sincronizo corbata y sonrisa, haré que valga la pena;
te lleno de mimos, de mis poemas, manzanas y peras.
Me miras, sonríes, tengo que llevarte a la puerta.
El gozo es mío y los besos son tuyos,
en el banco de la plaza a tu lado me arrullo,
contamos las nubes y tú haces muecas con las formas de las estrellas.

La lluvia nos toca, tus manos son frías ¿quieres volver afuera?
No tiene sentido...
Me siento extraído, iré a tocar la puerta.
Es mi madre quien abre, ¿a dónde ha ido Stella?
Un cajón de cenizas me señala, debo volver a mi cama,
las lágrimas mojan mis penas.
Pongo tu retrato en la cama, desierta y nevada, ¿mañana volvemos afuera?


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