martes, 4 de abril de 2017

¡Qué loco!

Esa mañana me levanté como loco. 
El sonido del despertador me estaba rompiendo los oídos. Entre ése nervio matutino y las prisas por meterme a la ducha, mi dedo pequeño del pie se llevó la peor parte. Maldecía a diestra y siniestra. 

La temperatura tan caliente me reconfortó aunque no había muchos minutos para disfrutar, apenas un par.

Me vestí con lo primero que vi. Lo mejor que pude. 
Memorizaba veloz como un tren unas citas de Piaget. Mientras mi sándwich se peleaba con la tostadora. De un bocado engullí ésa masa blanca ¿no le rellené? Correr, en mi mente sólo pensaba correr. ¡Hombre pero con los zapatos puestos! 

Otra vez arriba. Rápido y sin calcetines. 
Mis hombros sufrieron las prisas frente a las paredes. 
Ya por fin en la calle, buscaba con agilidad la parada de autobús. ¿Se ha pasado de largo? 
No entiendo. 

Corro calle abajo hacia el subte, y un chico que está tocando el violín me derriba. Creo que ha sido sin culpa. En el suelo, veo cómo se cierran las puertas del vagón. Y lo veo. The Weeknd en concierto, aparece un chico moreno con el pelo muy raro, como si llevara un gato muerto en la cabeza.  ¿Weeknd? ¿Weekend?

Y estando ahí, lo entiendo todo. 
El fin de semana. 

¡Es sábado! 

No hay clases. 
No puedo sino partirme de risas mientras el joven violinista empieza a tocar, mirándome desde arriba, como si yo estuviese loco. La música me envuelve y me quedo ahí, dudando de mi racionalidad, dudando de mí. ¡Qué loco!  



No hay comentarios:

Publicar un comentario

Translate