martes, 28 de marzo de 2017

¿Por qué?


Mis gritos de alegría eran eufóricos, abrazado cantando con los míos, el partido era nuestro, sólo veía el cielo estrellado, iluminado por aquella hazaña. Bufandas y serpentinas revoloteaban entre nosotros mientras las chicas con sus pompones coreaban nuestros nombres sin parar. La copa ¿era más grande que yo? Dorada, con un águila que brillaba como un sol.

Abrí los ojos.

-Putamadre. Él estaba ahí desnudo y riendo.
-¡Arriba hijo de puta! -¿soñando con un pivón? ¿Madrugada de pajas?
Caí tristemente en cuenta, estaba en la residencia todavía, el partido sería esta noche. El tonto de Migue me lanzó esta vez mi casco. -¡Duro, hoy ¿eh?!

¿Duro hoy? Sí.
Me levanté con la pesadez a tope y sentí tensarse mis músculos, se transformó todo rápidamente en ansiedad. Si queríamos esas becas teníamos que ganar sí o sí. Caminé hacia las duchas y vi una sombra en el espejo. ¿Nada?
Luego, un ruido.
¡Migue, gilipollas! –grité mientras me estaba metiendo en el agua.

El ruido invadió la habitación. Era estridente. Y fácil de reconocer, cuchillas girando.
Empecé a temblar. No por el ruido. Sino por la cara desconocida. Yo no conocía aquél rostro. ¿Quién era ese hombre? Me estaba sonriendo de una manera tan enferma. Ofreciéndome la motosierra. Me hizo un gesto de ¿no la quieres? ¿No?

La apagó. Yo quería gritar pero no sé por qué no pude.
Se hundió el arma en el pecho hasta hacerse sangrar. Probó su sangre sin dejar de mirarme. Temblé tanto que podía haberme muerto ahí en seguida. Debí haberme muerto ahí. Me ofreció probar su sangre. Creo que empecé a llorar. Sollozaba como un niño.

No me podía mover y el agua me corría, se me hacía una heladera rocosa, yo sabía que quería matarme pero se me nublaba la cabeza. El pensamiento se hacía más fuerte mientras él caminaba hacia a mí y se hacía un gigante. ¿Por qué? ¿Dios, por qué? Pensaba en Dios y le pedía, prometía ser bueno para siempre si despertaba de esta horrible pesadilla. Con toda mi fuerza me aferré a las baldosas.


Dos años después he venido al colegio. Se juega el mismo campeonato. Y estoy en el mismo vestuario. No entiendo. Aquél tipo me robó todo. Mientras el director empuja mi silla, sigo preguntándome ¿por qué?




¿Por qué?

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