viernes, 22 de julio de 2016

Me gusta cuando escuchas

Me gusta cuando escuchas, porque puedes mi alma, pétalo con púa de mi rosa, y siendo ignorante, le falta.
Siendo tan niño y tan mimo, te reaviva y te consagra.
Te veo, lo necesitas, es indomable tu calma.
Que se aviva, que me escuece, como quito costra a llaga.
Tan altiva, tan creída, no me eximen tus palmas.
Soy consciente de tu halago, pero la dicotomía te falta. 
Sin estrellas, sin silencios, con nuestro triunfo que calla.
Se regocija en el alma, echa en falta a las masas, quienes no pueden leer, el síndrome de Otelo les mata.

Me gusta cuando escuchas, porque normales ves a dos seres, sin angustias y sin rabias.
Sin males de lejanías, ni celos que comen calmas.
Déjame que me mueva, que entre tus letras me esparza, consiguiendo sonrisas que no ostentan las salas.
Cuadradas tan rigurosas, de la vida, de las faltas; la última como reina, metódica, como una manta.
Protagonista de lo que puede hacerse, sin miedo y con casta.
Sin silencios que suden tu frente, ni las voces que te acobardan. 
No es intención de mi lengua, distante en tantos lugares, traspasar las paredes, con voces sin iguales.
Que se fusionan a pasos, a latidos expectantes, que hacen mamarse un huevo, los estatutos sociales. 

Me gusta cuando escuchas, porque acabas con tus miedos, y los míos, absolutos, sin más ni menos.
Dejamos que se robaran el filo de aquella espada, que apuntaba a una cabeza, en silencio y con mirada.
Que brillaba en una tarde, nerviosa como si demudara, deudora de una renta, mancillando fulgor ámbar. 
¡Que Neruda se joda, que le  admiren las mamparas, de las reglas de la vida, nunca he roto una paja! 

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