lunes, 25 de julio de 2016

El rocío

A veces me pregunto cuál de los dos es el más egoísta, 
si tú por querer irte o yo por querer retenerte. 
Pero supongo es como lo del ladrón, 
no es más quien se roba un millón a aquel que se roba un centavo. 
Y sin saber quién es el más, sé que el egoísmo está. 
Los poemas cuentan que el amor no lleva impresa esa característica; 
tal vez es una frase hecha para una película fantástica de un tipo que rayando la falacia,
 publicó esa cita cómica.
 Tuvo que haber escrito más, como “la perfección está a tu lado”, 
dejando al tonto que lee como un insuficiente desgastado, 
que seguro como yo, a mi amor le di de todo, lo que pude haberle dado, 
en medio de mis imperfecciones, de mis temores y mis fallos, 
“no te vayas nunca” rezan mis poemas viejos en algún cuaderno anotado.
“Era por el momento, la pasión y el arrebato”, 
cada quien juzga al autor, “nunca estuvo enamorado”, 
pero a diferencia del antiguo literato 
éste si parió cada frase que le predicó a desparpajo, 
le costó, se emocionaba, el miedo le ganaba el trato. 
No pudo dar una frase hecha, tenía esos dos ojos clavados,
 se le metían en el alma como la inspiración de un santo, 
su amor le miraba como el rocío cae sobre el  pasto,
 suave y riguroso, sin intención de tocarlo,
 pero con el ímpetu necesario para prosperarlo.
 Pasa el tiempo y el pasto se da cuenta, que debe ser arrancado,
 sin importar cuanta lluvia caiga, el rocío ha mermado. 
Ahora luego de llover, solo sale el sol quemado, 
no hay antes ni después, acepta tu destino pasto, 
el amor ha terminado.

Déjame en paz

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