martes, 3 de marzo de 2015

¡Firmad!

…Por eso es que en otras eras, en otros tiempos, a otros ritmos, nunca has podido seguirme la mirada y evitas tocarme porque la piel se te vuelve un sendero lleno de fuego.

Ya sé, lo supe esa noche en la playa, cuando la singularidad perdí y aunque tú sabes que es así, fuiste buena para fingir. Pero a veces lo olvidabas…

Si en mi cama despertabas; te vestías, te calzabas, con tu abrigo te arropé, pellizcando tus mejillas. Salías con tan poco maquillaje dispuesta a mentir, segura que en tu mundo solo conducías tú. Tu sonrisa me convenció sobre la calentura de mis manos,  eran la carretera olvidada que siempre de memoria recorriste. Entre mis dedos olvidaste, mientras amarte en lo prohibido, de algún modo me gustaba. Buen cigarro de dolor.

Debajo de las sábanas ajenas, los poros se conectan de literaria cohesión. Sé que estás en el desierto, en donde ya estuvimos, estás leyendo algo que aún no he escrito. Y aunque no volviste a mi carretera, ni salga yo a hacer ‘autostop’, no califica como error, en un trozo de eternidad vivimos. Deja en paz la conexión, sigue las letras, acepta lo que han sido, seguirás viviendo en ellas, tan pobrísimas y decadentes, pero son miradas a sonrisas y me siento vencedor.

Fuimos amantes.
Eternos.
Fuego y carne.
Comida y hambre.
(Y amor).
Un ‘fuimos’ que conjugamos en todos los tiempos.
En medio del documento que firmamos frente al destino: tú y yo nunca más.
Solo pudimos pactar en desventaja. ¡Vamos, venga azar!
Tú sin lengua y yo ciego, por eso en esta vida te toca esa sonrisa y a mí estos ojos.


El destino se enfurece, las luces se apagan y solo se escucha: ¡Firmad!

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