domingo, 18 de enero de 2015

Él

Él, siempre tan reservado, con un aspecto desconcertado que ahoga las palabras en mi boca. No me besa, no me toca, no es como los demás.

¿Y cómo son los demás? Me pregunto para variar. Pensamientos cortos y ganas grandes, de pelo corto y bocas grandes.

-¿Y él? ¿Cómo es él?
-Pues, veo que es lo contrario, pelo largo y finos labios. Camina apaciguado, como si las caderas pronto se le van a quebrar.
-¿Y las ideas?
- De las más grandes, las dibuja en todo el patio, las escribe, y las canta a guitarra. Parece un chico especial.
- ¿Lo digo por la guitarra?
-Me estoy dejando impresionar.
-¿El artista es el que canta o el que sabe tocar?
- Y ya hablando de tocar, ¿te has fijado en sus manos?
-Son ásperas y fuertes, siempre llenas de tiza y colores, los nudillos pintados.
-¿Te atreves hoy a hablarle?
- Sí, sí, hoy lo haré.
No,  no es cierto.
-¿Tienes miedo?
- Sí, de que se me peguen los labios.
-¿En los suyos?
-No, en los míos, que no pueda hablar.
- ¿Siempre tan cobarde?
-Siempre huyo, es normal.
- Te diré algo, no es artista quien solo canta, sino puede pensar. ¿Por qué no le dices acerca de lo que quieres hablar? Haz una carta, un dibujo, algo que no te pueda congelar.
-Tengo una gran idea, lo has hecho tú ya.


“Hola, soy yo. La de siempre, ¿recuerdas? La de tu cuadra, la del museo, la de la tienda, como una sombra…despeja mis dudas, ¿por qué me miras y nunca me tocas? Nunca hablas, sin embargo nunca callas tus palabras, que siempre cantan en tu guitarra, nunca callas tus ideas que por todos los patios van pegadas. ¿Qué te hace tan especial? ¿Cómo es que con tu silencio le das vida a los colores? ¿Cómo es que me tienes entre clamores, anonadada y devota, de tu mirada castiza? Eres la insulina de mis días de dulzura, pues me ahogo en el tormento de no escucharte hablar. Quisiera partirte la guitarra en la cabeza.”

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