lunes, 6 de octubre de 2014

Tú al espejo

¿Por qué no me dejas despertar en las mañanas como lo hacen los vecinos? no eres melodía, una taza de café o el saturado periódico, tienes la osadía de ser al amanecer un poco de los tres.

Garras afiladas, cejas apostadas hacia la vanidad, vas sacando tu pulso de Picasso, te haces Diosa, es temprano y no te importa, me haces parte del debate. Es parte de tu gloria el hacer que me levante, y ahí estoy yo,  viendo las líneas curvas que te dibujas al final de los ojos. Ángulo perfecto, “que me veas, que mi perfil mate…”
 -y tu perfume haga estragos con mi libido-
… llegas a tu boca y sonríes solo para coger el lápiz.

 Confirmada mi hipnosis idiotizada, muerdes tus labios para celebrar, es el momento en que combinas los colores del maquillaje, haciendo juego con tu ropa, mientras yo  solo puedo aferrarme a mi almohada. No has acabado y ya estoy pensando con deshacértelo en medio de un torrente de besos aniñados, desesperados, como aquellos de anoche. En dos minutos te consagras artista, y ya me hundes en la confusión ¿me quedo con la del espejo, o la que se levantó en camisón?

Mi corazón divido entre dos.  Tienes que esforzarte mucho en medio del maquillaje de labios rojos y los ojos contornados protegidos por tus cejas expresivas. Porque cuando te lo quitas todo, agitas de placer a la perfección... Y no se vale que se me note la emoción, me come la pena, la cara llena de pudor.

“¿Te falta un poco más?”, no respondes. Frunces tus labios, me marcas dos pintitas rojas y te vas

... me marcas dos pintitas rojas y te vas. 

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