jueves, 14 de agosto de 2014

Quedóse dormida

Quedóse dormida en la calidez de mi pecho como las montañas de verano que se abrazan al sol, aferrándose cual niño a su peluche, con sus rojas garras barnizadas. Respirando al ritmo de las nubes en un día tranquilo, se le notaba la paz en el alma por la forma de dormir, la envidiaba toda, paradójicamente, porque era mía. Era. Porque no lo es ahora. Pero el momento lo atesoré. Cada respiro suyo valía cada contracción de mis músculos, cada quejido de mis poros por el frío, estaba en deuda conmigo más bien. La recompensa era demasiada.

Me despojé de esos sentimientos de deudor acomplejado que te invaden cuando los giros de la vida te dan el vuelto de más. Siempre mi íntegra moral.


Yo, en mi trance sostenía un nuevo libro, mientras la lámpara me daba la luz justa para alcanzar cada palabra y que no le perturbara al soñar, su única molestia debía ser el latido de mi corazón acelerado, que nunca lo puedo apagar. A cada paso de hojas olerle el cuello era el mandamiento que llevaba escrito mi marcalibros. Todos esos poemas -yo pensaba en silencio-, parecían para ella escritos. Así como sus pecas, a mis pensamientos le ahogaban los gritos. 


¿Diosa o demonia?

"Diosa perdida.
Diosa atrapada.
Diosa sin alma.
Sombra infinita, sombra perdida.
Tú mi diosa y yo tu sombra. ¿Diosa o demonia?
Diosa deseada: calma mis ganas.
Diosa asesina, humana sin alma.
Mirada gastada, manos vacías.
Respiro o gemido, llévame contigo.
Toma mi mano, resta a mi lado.
Cielo e infierno, vivo en tu cuerpo.


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