lunes, 16 de junio de 2014

Entrar...

Entrar sola a la facultad de tus dominios; sin mapas ni linternas, sin brújulas, directo al castigo.

Con las muñecas en mi pecho, en señal de rendición, sometiéndome exclusivamente a la tortura de tus besos, a los azotes de tus manos, que llevan garras desenfrenadas. Sin temor a que marques tus dientes en mi cuello.


Y nos vamos encontrando en la libertad de mis gemidos. El ‘vamos’ afincado en mi cabello, siempre presa de tus celos como celdas, de tu impaciencia, de tu ser posesivo, de mi sumisión perfecta

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