lunes, 3 de febrero de 2014

A la cama, de espaldas

La suave forma de su cuerpo se pasea ante el viento mientras su cabello vuela  y le reta indiferente, imperial. Puedo ver en intermitencia unos rayos de sol en su suavidad frondosa, derramándose en el paraíso, el de la marca, siempre suave, aquella espalda suya. Las pecas que moran en ese lugar, llaman a sumirse en la locura, todo en medio de la oscuridad, en un sueño desenfrenado de humedad… al amanecer son estrellas que iluminan el cielo blanquecino de mi cama, solo queda invitarlas a pasear en la oscuridad de mi alma, mientras con mis manos entorpecidas de nervios, derramo fresas y saliva, nunca olvidando el papel que juego en esta aventura.

Mi afición es el control de sus caderas, “entrégate sin guerras y  con sumisión, intercambiemos los papeles. Enloquezcamos de pasión”. Amantes enfermos, protestantes del pudor.


 Ante el miedo de un escape, cierro las ventanas, con temor. Pero me armo de valor con las esposas de terciopelo, no quiero hacerte daño, no de ese modo, no en ese lugar. Aún no… Aunque no puedas verme, sé que eres fanática de este juego, donde el silencio pone las reglas y los mordiscos en el cuello representan la forma de rendición. ¡Vamos! A la cama, de espaldas… finge para mí, con intención. 


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