jueves, 6 de febrero de 2014

Primer amor

Es como un retrato, que no se va; no se acaba... Pero envejece.

Se deshila al caer el alba, pero no cualquier alba, sino, el de un día especial, como el de la muerte. Digno, sin miedo...cruel pero aceptable. No hablo de otra cosa que es ese terror en el alma, un alma que ya no se desangra, solo se seca, y con ella, se aviva  la tristeza gris en sus ojos...

Un mes atrás rodaban las lágrimas en sus mejillas y surcaban en sus arrugas, pero se ha acentuado la resignación, como una vieja enemiga, a quien nunca pudo vencer a pesar de las interminables luchas.


A pesar de la experiencia y la tenencia de fortaleza, ahora, solo su entrega a la muerte le concede dicha, se hace tarde, más de prisa... ya se va a donde su amor, donde acaba la primavera, siente frío, siente que la toca, se reconocen, su mujer de siempre, suprimer amor

Eternidad, hijosdeputa, ETERNIDAD.

lunes, 3 de febrero de 2014

A la cama, de espaldas

La suave forma de su cuerpo se pasea ante el viento mientras su cabello vuela  y le reta indiferente, imperial. Puedo ver en intermitencia unos rayos de sol en su suavidad frondosa, derramándose en el paraíso, el de la marca, siempre suave, aquella espalda suya. Las pecas que moran en ese lugar, llaman a sumirse en la locura, todo en medio de la oscuridad, en un sueño desenfrenado de humedad… al amanecer son estrellas que iluminan el cielo blanquecino de mi cama, solo queda invitarlas a pasear en la oscuridad de mi alma, mientras con mis manos entorpecidas de nervios, derramo fresas y saliva, nunca olvidando el papel que juego en esta aventura.

Mi afición es el control de sus caderas, “entrégate sin guerras y  con sumisión, intercambiemos los papeles. Enloquezcamos de pasión”. Amantes enfermos, protestantes del pudor.


 Ante el miedo de un escape, cierro las ventanas, con temor. Pero me armo de valor con las esposas de terciopelo, no quiero hacerte daño, no de ese modo, no en ese lugar. Aún no… Aunque no puedas verme, sé que eres fanática de este juego, donde el silencio pone las reglas y los mordiscos en el cuello representan la forma de rendición. ¡Vamos! A la cama, de espaldas… finge para mí, con intención. 


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