viernes, 10 de enero de 2014

El macho

Con fascinación le arranqué la piel, estaba sudada y fría. Como margaritas mojadas en un invierno asesino. Margarita como su nombre. Asesino como yo. Me perdí entre la sangre dulce de las pieles, la de sus brazos... Mis favoritas. Colocaba gota a gota un poco de esa roja en mi café, por las mañanas. Anudaba mi corbata y así me iba, sin pensar.


Eso mismo, hasta las cinco. Llegaba a casa y  su carne blanca me acompañaba para cenar. Sus ojos tan congelados yo los miraba al masticar. Por las noches antes de rezar, tomaba su labial y me pintaba la boca, siempre me dormía con sus tacones puestos. Sus tacones de bailar; mis tacones para soñar. 


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