martes, 3 de diciembre de 2013

Imbécil infeliz

¿Ya viste? Se desparramaron los besos en la calle de arenilla donde caminabas cada mitad de día, con soltura sin igual en las caderas. Con falta de modestia en el corazón. Se me hundieron los ojos negros en unos rizos naranjas que enrojecían frente al sol.

Eras tú, a vestido y coletas, a cigarrillo y sonrisitas, a indecencia citadina, irritada socialmente, siempre clandestina. Con esas ganas de no ser tú, queriendo ser otras, jugando a caballo... y enredada entre tus dedos blancos y fuertes, tu flauta soñolienta, llena de saliva, tan embarrada de mi boca. Con la boca tan rota de mis dientes. Eras siempre tú, en la arenilla blanca donde todo comenzó.

El polvo me da en la cara, el tiempo una patada y tu ausencia una sonrisa impoluta y seria, de imbécil. Éso que sé ser muy bien, cuando pienso en ti y me lo propongo. Tan imbécil e infeliz.

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