jueves, 5 de diciembre de 2013

Sin título

“…que sea entre árboles, poca luz y si se puede: que en el camino fallen todas… que nos dirijamos a un callejón, una calle fría y exista la necesidad de pasar por un charco lleno de ranas, que solo salga una cuarta parte de la luna, mientras empieza a temblar y el ritmo cardíaco se nos acelera. Sentémonos en medio de un parque, con libélulas, con mucho viento, que las piedras caigan de los nidos de pájaros. Conversemos en el parque, de espaldas contra el pasto, sin punto de retorno.

Nos tomaremos de la mano y de tanto escucharnos, se cancelarán los besos. Luego me dirás que quieres irte, trataremos de buscar la salida, retomaremos nuestros pasos, pero llegamos al extremo del parque y no volvemos a sentirnos…” 

martes, 3 de diciembre de 2013

Imbécil infeliz

¿Ya viste? Se desparramaron los besos en la calle de arenilla donde caminabas cada mitad de día, con soltura sin igual en las caderas. Con falta de modestia en el corazón. Se me hundieron los ojos negros en unos rizos naranjas que enrojecían frente al sol.

Eras tú, a vestido y coletas, a cigarrillo y sonrisitas, a indecencia citadina, irritada socialmente, siempre clandestina. Con esas ganas de no ser tú, queriendo ser otras, jugando a caballo... y enredada entre tus dedos blancos y fuertes, tu flauta soñolienta, llena de saliva, tan embarrada de mi boca. Con la boca tan rota de mis dientes. Eras siempre tú, en la arenilla blanca donde todo comenzó.

El polvo me da en la cara, el tiempo una patada y tu ausencia una sonrisa impoluta y seria, de imbécil. Éso que sé ser muy bien, cuando pienso en ti y me lo propongo. Tan imbécil e infeliz.

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