martes, 26 de noviembre de 2013

Un café

Se me marchitan los abrazos en el cuerpo cuando la típica pesadilla viene en su ataque maligno. Más entrada va la madrugada, mi buen sueño no encuentra su camino, no hallo el peluche rosa, el de la flor y un pajarito.

Son guerras que llevo a cabo sin tus mimos ni tus labios fríos. El olor a J’adore y cigarros se ha ido de mi almohada, mientras la noche se comporta grosera con mi soledad, ya no me da su alojo. Me empuja hacia la ventana donde hay frío y la luna se pierde en el humo.


No importa si son tres o cuatro las veces que me despierto, no estarás cuando esté de pie. En la cafetera hay solo para un café y he puesto en el tocadiscos la melodía que no te gusta.


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