martes, 26 de noviembre de 2013

Café Park

A esa hora el clima era incesante, las ráfagas de nieve se perdían por la carretera principal, hacia el cableado eléctrico. El lugar el pueblo donde nadie se acercaba. La chica caminaba a toda prisa, cabizbaja.

En el café Park, la esperaba el rubio fortachón del labio partido. Había rastros de sangre que camuflaba con su propia saliva. Se acordaba del puñetazo que le había propinado aquél sujeto, el chico menudito que vociferaba cosas como un demonio. “Un demonio”. El rubio llevaba consigo el papel. La información que requería, la hojeaba mientras tomaba un café. Podía recordar la última vez que estuvo junto a la chica, ella se atragantaba con su sexo portentoso. «Fatal final».

Esperó por dos horas, ella no llegó. Debía irse al seminario, la clase de Teología Moral Social estaba a punto de empezar. Se alisó la bata negra que llevaba bajo el abrigo y desperdició el papel en una cesta al salir. El papel tenía información totalmente contraria al contenido de la clase que iba a ver, contraria también a la ropa que el rubio llevaba puesta con sigilo. 



Al cesar las ráfagas de nieve, algunas moscas se posaban sobre la boca de la chica.

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