martes, 26 de noviembre de 2013

Lo supe

En ese momento lo supe. El sueño me estaba buscando y tú no dejaste que me encontrara, fue suficiente la invitación aventurera que dibujó una sonrisa en mis labios. Muy de prisa me vestí, sonreímos como niños «pobre mundo, ahí vamos». Y nos subimos al techo aún en la madrugada. Un pecado para alguien tan circunspecto como yo, pero al poner un pie arriba, por completo lo olvidé.


Vimos ponerse la mañana, tomados de la mano, decidiendo nuestro futuro. Algo que en ese momento, de unos niños no dependía. Sonreímos con el sol y supiste que te amaba, que en ese instante era yo, algo que jamás se sustituye con mil mañanas. En ese momento supe, cuando me tomaste de la mano y la perfección me embriagó, que miles de mañanas después, la «vida junta» iba a desaparecer. 



Aún cuento mil mañanas más para que cambie esta historia. Y si no, intentaré con un millón. 

Un café

Se me marchitan los abrazos en el cuerpo cuando la típica pesadilla viene en su ataque maligno. Más entrada va la madrugada, mi buen sueño no encuentra su camino, no hallo el peluche rosa, el de la flor y un pajarito.

Son guerras que llevo a cabo sin tus mimos ni tus labios fríos. El olor a J’adore y cigarros se ha ido de mi almohada, mientras la noche se comporta grosera con mi soledad, ya no me da su alojo. Me empuja hacia la ventana donde hay frío y la luna se pierde en el humo.


No importa si son tres o cuatro las veces que me despierto, no estarás cuando esté de pie. En la cafetera hay solo para un café y he puesto en el tocadiscos la melodía que no te gusta.


El té de Mariana

Un pitido al fondo tan lejano, le hizo abrir los ojos… -ese olor-. Se le antojó de repente. El corazón se le aceleró al sentir aquella cosa en la cara, ¿qué era aquello que se le había metido en la mejilla derecha? “Cita con Guill a las 14:00” –joder- se arrancó la nota pegatina de la cara. Aún llevaba los jeans desgastados y la sudadera con el nombre de la universidad. “¡El té!” gritó para sus adentros... se descalzó la única vans que llevaba, “joder, joder, joder” y corrió a la cocina. No llegó. No tan rápido. Otra vez esa cosa en la mejilla, ésta vez la izquierda. La baldosa fría le propinaba un golpazo tremendo. “Mierda”. Se puso de rodillas, el ruido de la tetera la estaba matando.

Recogió la pila de libros amontonados en el pasillo, y los zumbó hacía un cuarto oscuro que tenía un cartel de disaster. Por fin iría a por su té. ¡Mejilla al suelo! Se heló, “he recogido todos los putos libros”. Sintió una fuerza bruta sobre sí. Los brazos se le giraron solos con una fuerte presión, sus ojos color miel quedaron fijos, petrificados. No podía reconocer a aquél detrás de esa horrible máscara de algún liderzuelo norteamericano con grotesca sonrisa. Un hombre sin duda, con la fuerza de un gorila. El pesado espécimen le sujetó ambas manos con su muñeca izquierda, llevándose la mano libre a la boca y haciendo el gesto de silencio. “Maldición”. Ni siquiera pudo gritar, las palabras se le arremolinaron en la lengua y un rígido frío se adueñó de su quijada. Las manos del intruso se apoderaron de la garganta de Mariana, el ruido de la tetera se hacía insostenible y fue lo último que escuchó. -“¡Buh!” se despertó de la horrenda pesadilla y vio a Guill junto a su cama “Si serás, pendejo”. –“Te estabas moviendo mucho, por eso te he despertao’”, ¿pesadillas?


Mariana no daba crédito a sus ojos, ahí en su habitación, alcanzaba a ver el filo brillante de un hacha justo detrás de la cabeza de Guill. Esperó que fuese una pesadilla, mientras la sangre de su amigo le salpicaba en el rostro. 

Café Park

A esa hora el clima era incesante, las ráfagas de nieve se perdían por la carretera principal, hacia el cableado eléctrico. El lugar el pueblo donde nadie se acercaba. La chica caminaba a toda prisa, cabizbaja.

En el café Park, la esperaba el rubio fortachón del labio partido. Había rastros de sangre que camuflaba con su propia saliva. Se acordaba del puñetazo que le había propinado aquél sujeto, el chico menudito que vociferaba cosas como un demonio. “Un demonio”. El rubio llevaba consigo el papel. La información que requería, la hojeaba mientras tomaba un café. Podía recordar la última vez que estuvo junto a la chica, ella se atragantaba con su sexo portentoso. «Fatal final».

Esperó por dos horas, ella no llegó. Debía irse al seminario, la clase de Teología Moral Social estaba a punto de empezar. Se alisó la bata negra que llevaba bajo el abrigo y desperdició el papel en una cesta al salir. El papel tenía información totalmente contraria al contenido de la clase que iba a ver, contraria también a la ropa que el rubio llevaba puesta con sigilo. 



Al cesar las ráfagas de nieve, algunas moscas se posaban sobre la boca de la chica.

lunes, 25 de noviembre de 2013

Memorias de mi inocencia (II)

(Lo bueno y lo malo)

Seguramente para algunas personas algo bueno es tomar una copa de Chardonnay mientras escuchan las melodías de Beethoven, para otros quizá, un vino chileno y Arjona, “ser cristiano es lo bueno, ser católico no”… Antisemitas, homosexuales, ateos... Y la lista puede seguir su rumbo. Lo bueno y lo malo. Palabras utilizadas por nosotros los seres inhumanos para darle un calificativo a las cosas que nos sientan comodidad, incomodidad o incluso temor. 


La batalla sin fin de lo bueno y malo data desde que empezamos a vivir en sociedad. Es una lástima que nos olvidemos de nosotros, que no nos sepamos de naturaleza imperfecta, olvidando también  el simple hecho de que cada quien tiene una realidad distinta y las acciones, opiniones y decisiones se toman en función a ello, a la subjetividad de cada quien. El ataque es incesante de unos para con otros, en todos los campos y disciplinas en que participamos socialmente. Jugamos a ser “Césares”, a ser “Dioses” y vamos con nuestros índices señalando lo que nos venga en gana. Por supuesto que sí podemos opinar lo que nos venga en gana, el problema surge cuando le ponemos la notita de “Bueno” y “Malo” a algo. Cuando la crítica se vuelve destructiva. 

Cuando “eso que te gusta, como no me gusta a mí, es una mierda”. ¿En qué momento se profundizó la intolerancia y es que no me di cuenta? Pero no me dibujaré como víctima, seguro que yo, muchísimas veces he pecado de “diosa índice” como una inhumana descerebrada al igual que todos acá. ¿Dónde nos desprendemos del dedo índice apuntador mental? “Te privo de mí, me privas de ti… nos privamos nosotros. (Bis) (Viceversa) (Coro)” 

Estamos de excursión a pasos lentos en la incongruencia radical “social”. ¿De verdad la juventud activa pide a gritos la globalización? ¡Pero es que no tenemos con qué comérnosla! ¿Cómo te comes la “libertad” física? Si estamos necesitando de una libertad mental como un bebé necesita su leche materna. ¿Existirán los hombres buenos y malos? ¿O seremos simplemente el conjunto de realidades diferentes, configuradas a partir de un montón de eventos (genéticos, sociales, físicos…)? ¿Qué tan libres somos?

Creo que ha surgido el momento -más que en otros, más que siempre-  la necesidad de buscar dentro de cada quien, eso que no podemos ver afuera, debe estar en ese rincón, atrapado dentro del conformismo, la dejadez, ignorancia, egoísmo, rabias y malestares. ¿Seremos más los que luchamos por la diversidad? ¿Serán más quienes luchan por mantener modelos inquebrantables (casi cánones)? Dicen por ahí que le tememos a aquello que no conocemos.

Preocupante es que aquello que no somos capaces de conocer, seamos nosotros mismos. Que en el fondo solo tengamos miedo “de ser”. Hay que sacar la casta cerebral… ¡por la humanidad!

                                                                        
-Opinión que surge como protesta a quienes maltratan, señalan, burlan, vejan, abusan y atacan a aquellos que son diferentes; genética, física, intelectual y sentimentalmente…, en todos los aspectos de la vida y actividades en las cuales participamos…
 Llámalo relaciones amorosas, religiones, política, música, cultura, deportes, economía… contra quienes también protesto, por dejar centrar en sí, este tipo de actitudes y comportamientos.-


RESPETEMOS EN CONDICIONES DE IGUALES DIFERENTES, PA’ SER FELICES. 


martes, 12 de noviembre de 2013

Otra vez.

No tiene importancia si el cansancio tortura mis hombros y se mete como vidrios en mis ojos, por las noches cuando llego solo quiero estar en ti. Abrir las ventanas, la de mi habitación y la de tu alma que fácilmente se conectan con tus piernas.  Aumentar la humedad entre ellas, cara a cara, sujetando fuerte, di "otra vez".

"Otra vez". No le guardas compasión al cansancio, es tu enemigo, me lleva vencido de tus dominios.  Y tus besos siempre vienen al rescate. Vengo y busco, se me ha perdido, tú lo sabes, lo tienes. Pido y cojo, gritas poco, nos miramos tan precisos, tan suntuosos, unos locos orgullosos del planeta que se cierra poco a poco cuando luego de movernos desnudos, en ti floto. Ya es tan tarde – me susurras- compromisos, cerremos los ojos. 
-te digo lo que siento- Otra vez
.


Un fin.

La inspiración merma, te lo confieso con mi más auto-respetable desprecio por la falta de elocuencia en mis sentires.

Pero me conoces demasiado; como invento, mastico y ando, como respiro, a cada momento puedes irte adentro... Más... Ahí en mi y conocer la verdad, que quiero y no quiero que acabes viendo. Prohibiéndote la decepción con mis pulmones. Y lo harás... Te decepcionarás de las carencias de este par, que también somos nosotros mismos, que solo somos nosotros dos... Que nos cansamos y ya no hacemos el amor.  En mis oídos los crujidos de tus resoplidos en la mesa, tan temprano... Y acompañan a la pereza que sienten mis manos por tus poros. No solo merma mi inspiración, en teoría me rompí, ya no hay musa en el sillón casi desnuda a camisón, se estrellan los cristales en mi espalda y me dejo caer el alma, pero sigo ahí. Por educación.


Sin más, a idea sueltas, esperando que un milagro me rescate del vacío, aunque no creí en ellos y me lancé sonriendo porque solo quería un fin.

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