miércoles, 16 de octubre de 2013

Un poquito de mi gloria.

Sobre él se han escrito millones de odas, poemas y epopeyas.
Los más fabuloso cantares que interpretan su gesta.
Yo solo voy por un vulgar párrafo que alimente mi obsesión.

El héroe, el villano, el guerrero y el amante. El de los cascos ligeros. No quiero leer un fragmento más, no uno que no sea el mío al quedarme en el profundo éxtasis de las historias que de él se cuentan. Yo  quiero contarlas, a mi modo, al modo de mis sentires, hacer mío en un montón de letras lo que me despierta. Hoy quiero emular a un poeta, tan solo unos minutos y solo para él.

Las líneas de la pluma ajena pueden llevarte a escenas que quizá nunca existieron, causándote la debilidad emocional que raya en una locura atemporal, obsesión tal vez. Debilidad, la palabra que se hace sinónimo de su talón. Esa parte de su cuerpo, la más rápida quizá, responsable de la muerte de miles y miles.

De miles y miles, pocos fueron amados con su inconmensurable pasión, sin distinción de sexo, amor a morir, amor a matar, amor a amar. Amor a pesar de estar socavado por la desidia de aquellos mundos, los primeros.

El hijo de Peleo, el mata hombres. El inalcanzable, el mirmidón, fuerte  y guerrero. Pongo mi gota en un mar de letras que solo retrasarán el olvido de su magnífico nombre,
Aquiles.

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