jueves, 17 de octubre de 2013

Te lo hice poesía

El abrazo fue como fundirse en un ritual de apareamiento casi religioso, paradójicamente. Hace tiempo que buscaba meterse en ella de esa manera, no bastaba con llevarla en los pensamientos cada dos de mes, cada noche fría, o después de una pesadilla. Necesitaba cargarla en la piel. Moldearla con sus manos en un lugar con poca luz.

Dejar de perderse en sus letras para perderse en su mirada aunque ese color no se pudiera explicar. Necesitaba sentir su piel, tan blanca, blanquísima aunque le diera vergüenza tocar. Le hizo el amor. Se entrelazaron, sexo con sexo, se bañó con su sudor, todo estaba mojado, se resbalaba en su espalda hasta llegar a sus caderas, le imponía dolor pero en su cara había poesía. Tic tac... Tenía que despertarla. Ella estaba vestida. Inmaculada. No había pasado nada.

Fue vulgarmente suya, en su mente, con poesía. Como ella lo merece. 


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