martes, 29 de octubre de 2013

Poeta y Prejuicioso

Allá, corrió. Fue a ver.

En los silos de la esperanza, con un don arrollador espontáneamente, que no se  resquebraja ante  el Prejuicioso, se inyecta en la tierra con el poder especial, de cerebro corazón, de alma vivir.

Conoce las tardes negras y  agrias que importunan la vida del Prejuicioso, los miedos que comparte en sus sueños, la carencia de alegría, la ausencia de alma. Intenta olvidar eso y quiere ser parte de su vida y que aquél sea parte de la suya. Están exponiéndose. Uno de ellos no escucha. Solo habla, casi grita. Eleva su voz, que se partan los cristales, que se mueran las ideas, no podrá aceptar el Prejuicioso aquella idea, ¡¡¡¡nimiedad!!!!

-¿Cómo osas de “atacar” mis principios?¡¡¡ Tradición!!!
-NO TE VENDO LA VERDAD, SOLO TE MUESTRO LA MÍA.
-¿Cómo pretendes ser diferente? ¡¡¡¡ Tonterías!!!!
-ES MI ALMA, MI CABEZA, MI FILOSOFÍA DE MI VIDA.
-¿Cómo has preferido ser parte de…? ¡¡¡Nada!!!

Ya sabía cómo iba a terminar esa historia.

La tristeza lo invadía. 
Momento de decisiones.

Como hojas caídas del árbol desaparecido, que la estación de aquél año se llevó, como la esperanza que vio en una mirada muerta, el poeta supo que era tarde para el Prejuicioso, debía dejarlo con sus ideas. Se ató las trenzas, cogió sus libros...


¡Y corrió!

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