miércoles, 16 de octubre de 2013

Memorias de mi inocencia (I)

Recuerdo que por allá en los años de 1998-1999, cuando era una niña a punto de hacer mi Primera Comunión, abría la ventana y esperaba religiosamente a evangélicos, testigos de Jehová o cualquier otro grupo que anduviese predicando y evangelizando los domingos a la hora del desayuno.
A punto de empezar el año 2000 (el mundo se iba a acabar), el año en que "las piedras iban a caer desde el cielo y todos nos íbamos a morir aplastados".  “los ríos se iban a desbordar y moriríamos ahogados”. “llegarían los jinetes que hablan en el apocalipsis convertidos en diablos y nos iban a matar a todos”.

Por supuesto, mi innata curiosidad y mi temor a Dios (con quien hoy tengo hoy una relación directa) debían saber si aquello era verdad. Largas discusiones con extrañas y viejas señoras. Montones y montones de Atalayas para compartir. Me lo puso claro, “el mundo se acaba cuando uno se muere”, destacaban la importancia de ser una buena persona y mantenerse cerca de Dios, sin importar de la religión que fuese.

No importa si piensan diferente a ti, tienen otra cultura o religión, si hablan con la base del respeto y el alma abierta, seremos cada día un poco más cultos, curtiéndonos de calle y gente. Pero, muchas personas sienten hoy en día la necesidad de condenar, criticar o burlarse de las religiones que otros practican. Está de moda ser ateo.  Sin embargo, soy  de las que piensa: todos creemos en algo, así sea solo en nosotros mismos. Todos buscamos una paz, lidiar con nuestros demonios internos, rezando o meditando es la vía común, pero he visto que otros lo hacen, escribiendo, cantando, bailando, viviendo, respetando... Mientras no dañes a nadie, sigue “practicando tu religión”, sea cual sea.

Qué hermosa es la inocencia. Cuando nos dicen que siempre debemos conservar nuestro espíritu o alma de niño, nunca pienso en jugar, sino en la inocencia, es lo que nos hace niños y humanos más que nunca durante toda esa etapa.  Siempre.

Seamos críticos, no criticones.
No se es culto solo por leer cientos de libros. Gracias a Dios.


Nota: En la iglesia católica aprendí, que a ellos también les cierran las puertas en la cara. Comiquísimo.



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