miércoles, 16 de octubre de 2013

Érase una rara noche.

Todo se oscurece con motivo de la noche y extraña estar en aquellos brazos, sintiendo como cubren con calor el frío atroz que siempre está en ese lugar. La ciudad se enmudece, parecieran como luces y el sonido lo siente seco, vacío.

Espera en la ventana, se sienta, se pone de bruces. La ausencia del momento le dice lo que aquella boca que rememora no ha podido. Abre el clóset: y él le dice que no espere. La almohada ha opinado lo mismo. La poca razón y los restos de alma ya no se ponen de acuerdo, una llamada desde el celular buscan consenso, pero la operadora dice que no se le puede ubicar.

De la habitación a la terraza, y viceversa con pasos lentos, se empieza a sentir rara, razón y alma se van poniendo de acuerdo, empezó a dejarse llevar por el profundo sueño... luego de un trago muy seco que ha llevado a una memoria de besos, los ojos se le cierran su murmullo lleva acento: "ya no vuelvo hacerlo", supongo que el vino y el valium hicieron efecto.

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