miércoles, 16 de octubre de 2013

Daniela

Siempre nos tocábamos. No era poético ni romántico, no era dulce o tierno. Nos tocábamos como animales, con sinceridad, con verdad y con muchas ganas de ser en esos instantes la cosa más real.

Llevaba su camisón, estábamos a punto de irnos a dormir. Yo descansaba en una silla, leía un libro muy pesado y aburrido. Ella me sonrió, me extendió sus manos y antes de que me pudiera levantar, se sentó de frente sobre mí. Me miró, contempló mi cansancio con una mueca casi lastimera, sus manos tibias y suaves me rozaban la cara, sus dedos delgados y seguros.

Solo con camisón y pantys, se veía hermosa,  la miré. Y la miré. Levanté su ropa de dormir, abrí mis manos y llevé mis pulgares hasta su línea del bikini. Deslicé mis manos ahí dentro, podía sentir su calentura y su humedad. Daniela estaba conmigo, solo para mi, cumpliría mi fantasía aunque ella ya no pueda despertar.



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